Escritos sobre Cine

lunes, 24 de diciembre de 2007

Juntos, nada más. Claude Berri (2007)


Juntos, nada más
Claude Berri 

Las edades del compromiso



Uno de los éxitos innegables de la temporada en Francia ha sido esta adaptación de una novela muy conocida en aquel país de Anna Gavalda –aceptación en la cartelera que destaca junto a otra comedia romántica que ha despertado similar atención y conectado de forma inesperada con varias generaciones de espectadores, Les chanson d´amour de Christophe Honoré, todavía por llegar-. El veterano cineasta Claude Berri reúne a dos de los intérpretes más atractivos del actual panorama francés, Audrey Tautou y Guillaume Canet, como primer reclamo de esta obra que desarrolla la eterna fórmula del encuentro entre personajes algo perdidos, pero que se eleva sobre otras propuestas similares con una construcción que logra ajustar su componente sentimental con la comedia, junto a ciertas dosis de desencanto y, por qué no, algo de realidad social e inconformismo, propios de la tradición de su origen.

El director de Germinal afronta la adaptación del original literario –es responsable también del guión- revistiéndolo de unas formas clásicas, una solidez narrativa y elegancia que en manos más jóvenes tal vez habrían acabado convertidas en un innecesario ejercicio de modernez a la hora de captar la contemporaneidad del relato. La realización de Berri permanece convenientemente ausente pero firme, centrándose en la historia y sus personajes. Camille, una joven pintora de frágil aspecto que trabaja por las noches limpiando oficinas y Franck, un cocinero de apariencia arisca que se hace cargo de su abuela, son acogidos en la enorme casa de Philibert, un excéntrico tipo de origen aristócrata. Encuentran esta suerte de refugio, un lugar donde resguardarse de “la soledad de los inmuebles” que les hace entablar unos vínculos especiales, al margen de una ciudad entendida como un espacio frío, inhóspito, muy alejado de aquel luminoso París por donde circulaba Audrey Tautou en su recordada Amelie.

Como cualquier comedia dramática que funcione, la cinta estructura la progresiva seducción de sus protagonistas, al tiempo que apoya la principal carga cómica en sus secundarios. En el primer tramo la complicada existencia de Camille y Franck transcurre de forma paralela, unos análogos primeros planos anuncian que son dos personajes destinados a encontrarse. Mientras tanto, es Philibert quien se ve envuelto en diversas situaciones peculiares, generando unos cuantos momentos divertidos, mientras que la relación entre Franck y su abuela proporciona otros emotivos, que completan la historia central. Con unas cuantas pinceladas, Berri muestra los rasgos de la Francia urbana y rural, con un principal escenario interior, una casa que recuerda los restos de unos decorados teatrales -reflejo del ánimo de estos compañeros de piso-, y unos exteriores acertadamente seleccionados y rodados, con la distinguida partitura de Frédéric Botton como telón de fondo. En vista de la armonía del conjunto, da la impresión que el realizador se esfuerza y consigue dignificar este tipo de comedia, de uso tan reiterado como a menudo pobres resultados.

Todo ello no saldría adelante sin la complicidad que los dos intérpretes principales desprenden en la pantalla, a través de unas secuencias de creciente sensibilidad. La muy solicitada Audrey Tautou –sustituyó en el último momento a Charlotte Gainsbourg- muestra su mejor registro en mucho tiempo, una fragilidad que esconde una férrea determinación. El nombre de Guillaume Canet tal vez no es tan conocido fuera de Francia, pero en su país comparten un prestigio similar. Con una larga filmografía a sus espaldas, hace unos meses incluso logró el Cesar al Mejor Director por su segundo trabajo detrás de la cámaras Ne le dis à personne. La intensa promoción de este largometraje, y la buena aceptación del que nos ocupa, lo han mantenido notoriamente presente en los medios durante el último año. Junto a ambos, resulta sencillamente excelente el trabajo de Lauret Stocker, actor eminentemente teatral, y de la veterana Françoise Bertin.

La distancia generacional del director con la pareja protagonista no le impide trazar un matizado retrato de unos seres que se encuentran cerca de los márgenes de la sociedad, frustrados en sus expectativas, ejemplo de la dificultad de sobrevivir en el día a día de la ciudad. Juntos, nada más, título tan sencillo como significativo, es una especie de máxima, una inercia que les empuja a seguir los dictados de la razón para evitar los sentimientos, dentro de una sociedad que a menudo aboca a la soledad, y que ha creado nuevos tipos de relación. Sobre ellos planea este miedo a aceptar el compromiso, un paso que es posible llegar a dar entre las distintas formas y tiempos de afecto –filial, amistoso, sentimental- que se tienden entre sus personajes.

Claude Berri reduce la voluminosa novela a un metraje adecuado, elimina episodios y personajes paralelos, y no alarga innecesariamente una historia que en su versión fílmica se ajusta al interés de lo narrado. Finalmente se desprende del tono de desaliento y se eleva varios grados por encima de la realidad, bordeando, aunque sin llegar a cruzar, lo excesivamente amable. No hay que olvidar que se trata de un género abierto a la representación de lo inverosímil, en el que casi todo es posible, y allí reside también parte de su encanto. La sala de cine es un lugar donde en ocasiones se acaba sufriendo -cuando no vence el aburrimiento- y, al menos esta vez, durante un espacio de tiempo que se hace breve, el agradable transcurrir de Juntos, nada más se convierte en un refugio tan acogedor para una tarde de otoño como lo es la destartalada casa para estos peculiares personajes.

Miguel Laviña Guallart guallart9@yahoo.es